Santiago de Chile. La inteligencia artificial no es sólo una herramienta tecnológica: es una infraestructura que ya está moldeando el rumbo de la sociedad. Así lo subrayó Elena Estavillo,CEO de Centro-i para la Sociedad del Futuro, durante su participación en Congreso Futuro, donde presentó la ponencia “IA, responsabilidad humana y destino colectivo”.
Desde el inicio de su intervención, Estavillo puso el énfasis en la dimensión humana de la tecnología. “Nuestro destino como humanidad lo estamos definiendo todos los días con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer y ese destino es colectivo”, afirmó ante el público reunido.
La especialista subrayó que la inteligencia artificial ya atraviesa la vida cotidiana de forma trascendente. “Las tecnologías digitales y la inteligencia artificial están creando un mundo nuevo. Es una transformación profunda, y basta pensar cómo vivíamos hace cinco años para dimensionar el cambio al que ya nos adaptamos rápidamente”, señaló. Incluso recordó que hoy “las parejas se conocen más por aplicaciones móviles de inteligencia artificial que en cualquier otro ámbito”.
Advirtió que esta transformación va mucho más allá de la eficiencia o los nuevos negocios. “No es sólo producir mejor o ser más eficientes, estos cambios están afectando las relaciones de poder entre regiones, entre personas, entre géneros, y están transformando la vida política y quién ejerce el poder”, explicó.
En ese contexto, Estavillo alertó que la revolución tecnológica ocurre en medio de una crisis global. “No estamos en un momento apacible de la humanidad. Vivimos guerras, polarización, violencia y una profunda crisis de los organismos multilaterales”, dijo, y añadió que muchas de estas tensiones están relacionadas con desigualdades históricas que hoy se están incorporando al ecosistema digital.
Uno de los ejes centrales de su mensaje fue advertir que la inteligencia artificial no es neutral. “La inteligencia artificial refleja el mundo que la está creando: nuestras estructuras sociales, nuestros valores y nuestros sesgos”, sostuvo. “Esos sesgos los aprendemos desde la niñez, por la cultura, por los medios, por lo que leemos, y todo eso se refleja en los datos con los que entrenamos a la inteligencia artificial”.
También cuestionó las decisiones detrás del desarrollo tecnológico: “¿Por qué usamos la inteligencia artificial para resolver ciertos problemas y no otros? ¿Por qué permitimos algunos usos y no permitimos otros? Esas decisiones vienen de la historia, de la repartición de recursos y de la repartición de poder”.
Estavillo planteó que la humanidad se encuentra en una encrucijada con dos trayectorias claras. “Podemos ir hacia un futuro distópico, donde la inteligencia artificial siga concentrando datos, capital y poder, y reproduciendo la discriminación que hemos vivido toda la vida”, advirtió. En ese escenario, agregó, se vive una “innovación sin prevención, donde las personas se convierten en los conejillos de indias de las empresas tecnológicas, sin rendición de cuentas cuando hay fallas”.
Frente a ello, propuso una ruta alternativa. “También podemos ir hacia sociedades más justas y pacíficas, si incorporamos perspectiva de género y de derechos humanos en todo el ciclo de vida de la inteligencia artificial”, explicó. Esto implica, dijo, preguntarse en cada decisión “cómo afecta un sistema de IA a las mujeres frente a los hombres, a las personas del campo frente a las ciudades, o a los países menos desarrollados frente a los más ricos”.
La experta fue enfática al señalar que los riesgos de la IA no son principalmente técnicos. “Los riesgos estructurales y sistémicos de la inteligencia artificial no son técnicos, son sociales, y los tenemos que resolver como sociedad”, afirmó. En esa línea, recalcó que no se necesita ser especialista para participar: “No tenemos que ser ingenieros ni doctores en inteligencia artificial para tener voz e incidir en este ecosistema”.
Estavillo llamó también a cuestionar la narrativa de la velocidad que domina el desarrollo tecnológico. “Se nos dice que tenemos que movernos rápido para ganar, pero esa velocidad conlleva mucha irresponsabilidad y responde a objetivos de ganancias económicas”, señaló. “Como sociedad, nuestros objetivos son otros: crecimiento económico sí, pero con distribución de oportunidades, mejores salarios, educación y justicia”.
Hacia el cierre de su ponencia enfatizó en la oportunidad histórica que tenemos como sociedad: “El futuro no está escrito en los algoritmos, está en nuestras manos. Tenemos una oportunidad histórica para que nuestras decisiones colectivas de hoy construyan el futuro pacífico que queremos”.
Finalmente, insistió en que la inteligencia artificial puede ser una fuerza positiva si se gobierna con responsabilidad humana. “La tecnología acelera lo que encuentra. Si modificamos las condiciones, la inteligencia artificial puede acelerar sociedades más justas, más igualitarias y orientadas al bien común” concluyó.
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