Guillermo Larraín: No basta solo con crecer sino también cómo se crece

El Doctor en economía, académico de la Facultad de Economía y Negocios, ex presidente de BancoEstado y ex Superintendente de Valores y Seguros y AFP, Guillermo Larraín, aborda una serie de elementos que cruzan el principal debate actual en la sociedad chilena: cómo establecer un nuevo "acuerdo social" que se plasme en la nueva Constitución Política. En esta entrevista, plantea su visión sobre el sistema político actual, las razones detrás de la frustración que estalla en octubre de 2019, y cómo se podría avanzar hacia un nuevo contrato social que recupere la legitimidad.No hay duda de que el impacto de la revuelta social iniciada el 18 de octubre de 2019 continuará siendo analizada en los próximos años, no solo por sus efectos, como la apertura de un inédito proceso constitucional con amplia participación ciudadana, sino también por la incapacidad del sistema político para prever el grado de violencia e impugnación que se vivió en esos días de masivas manifestaciones.
Al respecto, el profesor Guillermo Larraín, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile y autor del libro "La estabilidad del contrato social en Chile" recientemente publicado por el Fondo de Cultura Económica, aborda las señales que existían respecto a la creciente insatisfacción que sentía buena parte de la sociedad, y de por qué los principales actores políticos no fueron capaces de leerlas. 
¿Por qué el sistema político no logra procesar las señales que anteceden la revuelta de 2019?
Yo creo que la razón de fondo es que nuestro sistema político es muy impermeable a las necesidades ciudadanas, entonces no dudo de que hay buena voluntad de parte de quienes han ejercido el poder en el tiempo, pero eso no basta. La buena voluntad termina cuando comienza el conflicto valórico o entre intereses.
Necesitamos un sistema político mucho más permeable y que pueda responder a tiempo. El punto, a nivel de la Constitución, es que hay un sistema institucional muy rígido y que además fue pensado para que así fuera, pero que además tiene una estructura que hoy denominamos hiperpresidencialista, donde el poder está concentrado en muy pocas manos y si ellas además tienen dificultad para leer la realidad encontramos que además puede ser ciego.
¿Cuál piensa que fueron algunas de esas señales?
Creo que el aporte que hace el libro es mostrar, teóricamente al menos, que siempre existe la posibilidad de lo que se denomina en economía múltiples equilibrios, o sea, que tú puedes estar en una situación de aparente tranquilidad y, sin embargo, con mucha rapidez moverte a una situación de cambio, de revuelta, y esas dos cosas son compatibles en ciertos momentos.
Uno tiene que ver la historia para atrás para identificar qué cosas fueron coordinando de cierta forma a los actores que fueron los protagonistas de la revuelta y ahí uno empieza a hilar fino y va encontrando algunas señales coyunturales: la última, el pasaje del metro, otras eran mucho más graves como el asesinato de Camilo Catrillanca, que yo creo que logró darle una fuerza a la dimensión de los pueblos originarios y una coordinación que también se venía gestando desde hace tiempo, pero que no se había manifestado. En las grandes manifestaciones del 2005, el movimiento de pueblos originarios había estado en un segundo lugar, primero estuvieron los estudiantes. En otros momentos, No+AFP, Patagonia sin represas, las movilizaciones feministas, muchas causas que habían tenido convocatorias muy masivas y este hito le dio a los pueblos originarios esa dosis de coordinación.
Creo que ex post se puede ver cómo se fueron concatenando un montón de causas, pero que era difícil de leer en la coyuntura. Lo que el libro dice es que sí habían señales bastante grandes y estructurales de que se necesitaban cambios, no en vano todas la candidaturas presidenciales desde el año 2009 traían cambios a la Constitución como un elemento central, y cambios importantes, de hecho la plurinacionalidad está en todos los programas, incluidos los de Piñera ¿Por qué, como dices, entonces el sistema político no pudo procesar esto? Creo que es la gran respuesta que hay que darle al país en la Convención Constitucional.
¿Qué pasa con esta frustración que se va acumulando en el país? Porque hay un fuerte contraste entre el crecimiento que tuvo Chile en estas décadas y la creciente insatisfacción de la población.
Es bastante claro que es una paradoja. Por qué si hay progreso material hay más frustración y no menos, y es interesante notar que no es primera vez que ocurre, muchos procesos revolucionarios, en particular el francés, por ejemplo, el propio Tocqueville lo anuncia como paradoja. Entonces, hay que descubrir la fuente de esa insatisfacción, y lo que planteo es que reconozco que hay crecimiento y, por lo tanto, hay algunos elementos del entramado institucional actual que es valioso de preservar porque es mucho más fácil resolver los problemas sociales con una economía creciendo y no estancada.
Entonces, para no seguir frustrando ese desarrollo, hay que ver la raíz del problema, y creo que tiene que ver con la forma como se han ido proveyendo los derechos sociales en Chile. Esa provisión ha tenido una dimensión exitosa que es la cobertura, donde estábamos acercándonos al estándar OCDE, siempre por abajito pero acercándonos, en los estándares de salud, de vivienda incluso, de educación, pero por qué la calidad no acompaña ese proceso, y ahí se tiene que hablar de dos dimensiones:
Una es la calidad de la atención, de la vivienda, calidad estrictamente del servicio provisto, y lo segundo es cuánta diferencia hay entre la calidad a la que puede acceder una persona de ingresos bajos y el resto de la ciudadanía. Y la provisión que tradicionalmente ha existido es una muy dominada por el criterio de mercado, donde el mercado gestiona y provee esto, pero segmentan, y lo vemos en muchos ámbitos. Si vas al mercado automotriz vas a ver autos caros y baratos, en el mercado del vino también, es muy eficiente proveyendo soluciones para clusters de personas, pero esa lógica en el caso de los derechos sociales es muy compleja.
¿Cómo le explicas a una persona que para poder acceder a un tratamiento de cáncer en realidad va a tener que esperar 6 meses, que pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte? y se genera una dinámica de malestar no solo de la persona que tiene cáncer, sino de todo su entorno, y hoy vemos que es muy común que se hagan bingos, rifas y colectas en radios comunales o redes sociales para ayudar a quienes tengan enfermedades. Y eso convive con otro grupo de la población que tiene muy poca dificultad para acceder al tratamiento y esa tensión se vive como algo injusto.
¿Qué rol cumple el endeudamiento en esta frustración?
Es bien importante esta pregunta porque creo que los economistas y no sé si mucha gente más tenía conciencia de las consecuencias del endeudamiento. Es notable que en alemán la palabra deuda también se puede entender como culpa y es importante entender que el endeudamiento tiene una carga que va más allá del solo hecho de la deuda, hay alguna evidencia en un texto de Daniel Hojman y Jaime Ruiz Tagle de que el exceso de endeudamiento produce problemas de salud mental, y si bien no le dedico tanto tiempo en el libro, es cierto que no hemos sabido sopesar lo que significa la carga financiera para las familias, y claro -como decías- tiene de dulce y agraz, porque hay un incremento en el acceso a bienes y servicios, pero también una presión que se ejerce sobre las personas y sus familias que es importante. Me parece curioso que hoy cuando se habla de que la deuda nacional está llegando al 50 por ciento suenan las alarmas, bueno, también deberíamos tener esa misma preocupación cuando afecta a las familias.
Mirando lo que ha pasado con el sistema político, el contrato social y su legitimidad ¿por qué se pierde y como se recupera?
Una de las cosas que ha sido más alabada del libro tiene que ver con el capítulo sobre la estabilidad del contrato social. El punto es que esta paradoja chilena, de que hay progreso económico pero había malestar y luego estallido, solo es tal si uno mira el mundo desde una lógica utilitarista. Pero en el enfoque contractualista se analiza bajo qué condiciones personas libres pudieran adherir a la idea de someterse a un conjunto de reglas preexistentes. Cuando naciste tú o tu hijo a medida que crezca va a tener que someterse a un conjunto de reglas que estamos definiendo nosotros en el proceso constitucional, pero en principio nada dice que debe hacerlo. Entonces, el contractualismo busca pensar bajo qué condiciones sería razonable que otra persona encuentre que es sensato someterse a estas reglas y de ahí surgen ciertos requerimientos de justicia. Por eso, no basta solo con crecer sino también cómo se crece, tiene que haber una lógica de justicia que sea perceptible, y por eso la forma como se distribuyen los derechos sociales son tan importantes, porque pueden atentar contra la noción de justicia tan necesaria.
Usted habla de la necesidad de un cambio de régimen político que permita dispersar el poder y fomentar la participación ciudadana, ¿qué elementos serían centrales para dar esa discusión? ¿Qué rol cumplirían los partidos en ese nuevo esquema?
Los partidos están cuestionados, pero son necesarios, incluso lo que ha estado pasando con la Lista Del Pueblo de una forma resalta que ellos mismos ven la necesidad de estructurarse de forma más orgánica y eso es un partido político. Yo creo que no hay que tenerle miedo al partido como una forma natural de organización de personas y grupos involucradas en la discusión de los temas relacionados con el poder, cualquier alternativa a eso nos expone eventualmente a tiranías. Hay que recuperar nuestra democracia participativa. Por eso postulo un régimen político que tenga características distintas y los sistemas parlamentarios funcionan con partidos políticos, no con puros individuos, pero incluso los sistemas parlamentarios más validados como el inglés o el alemán también tienen deficiencias.
Tal como el capitalismo no es una forma perfecta de organizar la economía, la democracia representativa tampoco es perfecta para organizar la actividad política, pero ambos requieren de apoyos. La economía requiere un Estado de Bienestar, pero también en la política se requiere reforzar mecanismos que permitan que las fallas se superen, como la corrupción, personas que tienen agendas distintas de las del pueblo, y creo que hay que pensar en elementos de democracia directa no para suplantar la democracia representativa sino para reforzarla, que tienen los países que han hecho de esto una tradición como Suiza o California.
Creo, en ese sentido, que la Convención Constitucional tiene una oportunidad bastante grande porque no está controlada por partidos, entonces hay una oportunidad de establecer un buen régimen que sea “neutro” políticamente hablando. Después, efectivamente la Convención puede afectar intereses económicos y algunos de ellos están debidamente resguardados por la ley, y acá hay que ser bien prácticos, en el sentido de que si es necesario negociar cosas como, por ejemplo, el traspaso de algunos bienes, bueno hay un régimen general de expropiación que existe en todo el mundo, el mejor estándar de expropiación es básicamente lo que tiene Chile hoy.
Si pensamos en el nivel de tensión social al que llegó Chile en octubre de 2019 en adelante, creo que es notable como de alguna forma una cierta cultura política imperfecta ha ido imponiendo una cierta forma de tratar el problema que es muy virtuoso. Con todas sus deficiencias, el acuerdo de noviembre de 2019 es razonable, salvó el país de lo que pudo ser un conflicto imposible de saber hasta dónde pudo haberse agudizado. Se dio una señal clara de apoyo a esa agenda con el plebiscito y luego la convención electa es una instancia fundamentalmente caracterizada por la presencia de ciudadanía, y donde los dirigentes políticos están contados con los dedos de una mano y -por lo tanto- creo que Chile está avanzando bien para gestionar esta grave crisis que sufrimos.Texto: Felipe Ramírez Prensa U. de ChileLunes 23 de agosto de 2021