El 1 de diciembre de 1959 doce países suscribieron el acuerdo que consagró la armonía y la cooperación científica internacional en el Continente Blanco. Uno de ellos fue Chile, nación que puso a la ciencia como pilar de sus intereses en la zona a través del Programa Antártico de la Universidad de Chile. Investigadores antárticos de la Casa de Bello, de distintas generaciones y disciplinas, abordan los desafíos actuales del país y de nuestro plantel en la última frontera austral del planeta.Inhóspita y pristina, prácticamente otro mundo. La Antártica fue un territorio de intensas disputas durante la primera mitad del siglo XX, particularmente entre potencias como Estados Unidos y la Unión Soviética, y entre países reclamantes de soberanía como Chile, Argentina y Reino Unido. Estas tensiones en plena Guerra Fría, no obstante, fueron el escenario en el que se construyó el Tratado Antártico, acuerdo firmado por 12 países el 1 de diciembre de 1959 que consagró el Continente Blanco como un territorio de paz y ciencia.
A 61 años de este hito, los principios de este tratado, si bien continúan vigentes, son objeto de nuevas interrogantes. Algunos de estos nuevos desafíos tienen relación con fenómenos como el cambio climático, las actividades humanas en este territorio con impacto en su ecosistema, los márgenes de su definición como laboratorio natural del mundo o los intereses soberanos que siete países reclaman sobre ella, entre los que se encuentra Chile.
El profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de nuestro plantel, Francisco Hervé, viajó por primera vez a la Antártica el año 1963, en el marco del Programa Antártico de la Universidad de Chile, a sólo cuatro años de la firma del Tratado Antártico. El reconocido académico y geólogo señala que en ese momento los temas de soberanía y del Tratado Antártico no fueron una preocupación para él. Pero plantea, en retrospectiva, que “este marco normativo ha sido fantástico y ha funcionado bien en mantener a la Antártica como un lugar de ciencia durante más de 60 años”.
Luis Valentín Ferrada, académico de la Facultad de Derecho especialista en temas antárticos, agrega que “es el tratado internacional de paz más exitoso de todo el siglo XX. Ha logrado mantener un continente completo, con sus características particulares además, ajeno a toda controversia internacional con un sistema de cogobierno que ha manejado las dificultades políticas a través de reuniones consultivas. Es el origen además del Sistema del Tratado Antártico, que incluye una serie de otros tratados internacionales que, a través de las reuniones consultivas, ha permitido una permanente actualización de las normas. Esto ha traducido en que se mantengan los principios originales de paz y desarme de la Antártica, pero además suma objetivos hasta hoy, como es el desarrollo sustentable y la protección del medio ambiente”.
Desafíos del presente y futuro
Una de las grandes amenazas sobre la Antártica tiene relación con el cambio climático. Claudia Maturana, doctora en Ecología y Evolución de la Universidad de Chile, investigadora del Instituto de Ecología y Diversidad e integrante del directorio de la Asociación de Jóvenes Investigadores Polares (APECS-Chile), plantea que “desde hace mucho tiempo que la ciencia chilena ha estado realizando investigaciones de primer nivel, sin embargo todavía no logramos articularnos con la política pública y con la sociedad en su conjunto. Debemos construir un puente que nos permita dialogar, donde no sólo sea la academia científica quien hable, sino que sea un trabajo en conjunto. Tenemos que entender que los desafíos que nos presenta hoy el Tratado Antártico, el cambio climático y ahora último, el Estatuto Antártico, sólo serán abordados con la inclusión de todos los actores y actrices relevantes”.
Las consecuencias del cambio climático, particularmente el retroceso de los glaciares, fueron parte del registro realizado por el profesor Hervé ya en los años ‘60. El académico recalca que el pasado, presente y futuro de la Antártica debe estar focalizado en la ciencia. “Desde aquí se puede obtener mucha información para entender cómo viene el futuro. Hoy se estima que la Península Antártica es uno de los lugares donde se está produciendo de manera más acelerada el derretimiento de los hielos por el calentamiento global. La Antártica nos entrega información bastante crítica sobre este proceso. Además, se pueden encontrar registros, tanto biológicos, como geológicos o atmosféricos, que son únicos. Tenemos que conocer esto para incorporarlo a los modelos globales, en todas las áreas del conocimiento. Es un continente enorme, aún poco conocido, que nos permite entender mejor cómo ha evolucionado la tierra".
El profesor Ferrada, por su parte, advierte que este es un tema importantísimo, pero que es una amenaza externa que excede al Sistema del Tratado Antártico. Apunta además a las dificultades generadas por posiciones que cuestionan el funcionamiento de este sistema y promueven su reemplazo. “Hay que ser cuidadosos. A Chile le conviene este sistema, lo que no quiere decir que no haya que perfeccionarlo, pero debemos mejorarlo sobre la base que actualmente tenemos, que permite a Chile tener una incidencia superior a la que tendría si fuese basada en su poder real”. También plantea desafíos propios del sistema, asociados a la heterogeneidad de los 29 miembros con poder de decisión que hoy lo integran. “Actualmente las decisiones son más complejas, desde la perspectiva de que hay una serie de situaciones que requieren de una acción rápida y el sistema no siempre actúa lo suficientemente rápido”. Turismo, bioprospección y navegación marítima son algunos de estos temas pendientes, especifica el profesor Ferrada.
Pioneros de la ciencia antártica
Los académicos de la Universidad de Chile Parmenio Yañez, Juan Lengerich, Humberto Barrera y Guillermo Mann fueron parte del equipo de científicos que integró la primera expedición chilena a la Antártica en 1947. Esta expedición marcó no sólo el inicio de la presencia regular de Chile en el Continente Blanco, también abrió el camino al desarrollo de la ciencia nacional en la zona a través del Programa Antártico de la U. de Chile.
Cerca de 17 años después, en 1964, fue inaugurado en el Salón de Honor de la Casa de Bello el Instituto Antártico Chileno (INACH), entidad que hasta hoy es el principal organismo chileno encargado de incentivar el desarrollo de la investigación científica, tecnológica y de innovación en la Antártica. Uno de los científicos que participó en la primera Expedición Científica Antártica (ECA) del INACH, en el período 1964-1965, fue el profesor Francisco Hervé.
La experiencia de cada visita a la Antártica marcó la trayectoria del profesor Hervé, al igual que lo ha hecho con las numerosas generaciones de investigadores que han dejado huella en la Antártica. El académico detalla haber estado cursando el cuarto año de la carrera de geología cuando recibió, junto a su compañero, Roberto Araya, la invitación del profesor Humberto Fuenzalida. “Aunque hayan pasado casi 60 años lo recuerdo como si fuera ayer. Antes de que terminara la frase le dijimos que sí inmediatamente. Teníamos delante de nosotros un mundo tan atractivo como desconocido, que terminó significando mucho en nuestras vidas, no sólo científicamente, sino también en lo humano”.
Una vivencia similar relata la paleobotánica y académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas, Teresa Torres, quien en la década de los 80' marcó un hito como la primera mujer de la Universidad de Chile a cargo de un proyecto científico en Antártica. "En 1982, salieron las primeras especies fósiles de araucaria colectadas por Chile, de unos fragmentos de maderas traídas desde la Antártica por un geólogo. Fueron clasificados como perteneciente a la familia de las Araucariáceas, y fue denominada Araucarioxylon arayai Torres. Fue mi carta de entrada a la Antártica. Presente y gané un concurso en el Instituto Antártico y fui por vez primera a la Antártica en 1984", comenta.
La Chile en el Continente Blanco
Por esta razón, los investigadores plantean que si bien la actividad científica de la Universidad de Chile sigue siendo relevante, sostienen la necesidad de aunar esfuerzos para trabajar de manera conjunta y coordinada a nivel institucional en la formación de futuras generaciones de investigadores antárticos, tal como lo hizo en el pasado el Programa Antártico de la Universidad de Chile o más recientemente el Programa Institucional Antártico (PIA).
Claudia Maturana, quien en su carrera científica ya ha visitado la Antártica en cinco ocasiones, afirma que “para un país como Chile, la ciencia Antártica debe considerarse un motor de desarrollo desde diversos puntos de vista. Primero, porque estimula diversas fuentes de conocimiento que se articulan en Antártica, y con esto emplaza a la necesidad de una mejor calidad de educación a todo nivel formativo. Segundo, refuerza nuestra cercanía hacia el continente Antártico, no sólo desde una posición geográfica, sino también desde una mirada estratégica nacional y, por cierto, global. La formación, organización y estimulación de futuras generaciones es nuestro garante de que seguiremos realizando ciencia de primer nivel con un pensamiento crítico, pero para eso debemos entregar oportunidades y herramientas. Y en esto último estamos al debe”.
En este sentido, agrega, “sería importante aprovechar esta experiencia y tener a la Chile como un ente que impulse, fomente y apoye a estudiantes y académicos/as para trabajar en redes colaborativas con otras instituciones. Hay muchas que no tienen el aparataje administrativo, de infraestructura y/o experiencia en el desarrollo de cursos, o programas antárticos de largo plazo, por lo que la Universidad de Chile puede ser un articulador clave en el desarrollo transversal y multidisciplinar a lo largo del país”.
Para Teresa Torres, quien además lideró dos proyectos Anillos de Ciencia Antártica entre el 2006 y el 2013, el desafío que le compete a la Universidad de Chile es "no perder el liderazgo que siempe tuvo. A través de la formación de nuevas generaciones que, por ejemplo, puedan continuar estudiando el delicado y frágil medio ambiente antártico, que es responsable de todo lo que ocurre en el planeta. Debemos recuperar la organización institucional sobre Antártica".
Agrega que la investigación antártica hoy responde más bien al interés específico de los investigadores. "Varios hemos seguido la huella ya trazada presentando iniciativas individuales en INACH y Conicyt, como Francisco Herve en Geología, Margarita Prendez en Quimica o Elie Poulin en biología marina. Pero es evidente que la Universidad de Chile tiene la capacidad para retomar el liderazgo que ha ido decayendo. Faltan Fondos, pero hay capital humano nuevo con buenas ideas a desarrollar en todas las áreas del conocimiento. El estudio de este maravilloso continente está al alcance de nuestras posibilidades, por cercanía y conocimiento adquirido".
Luis Valentín Ferrada, quien hoy promueve la iniciativa U-Antártica desde la Facultad de Derecho, sostiene que “la ciencia hoy es el gran pasaporte para tener relevancia e influencia en el sistema político antártico. A eso se suma que Chile tiene una deuda con promover e incentivar cada vez más la identidad antártica chilena". En esta materia, recalca el rol histórico de la Universidad de Chile a través del trabajo de distintas generaciones de académicos de distintas disciplinas. "Uno de ellos, por ejemplo, es el profesor de la Facultad de Derecho, Julio Escudero, quien realizó un aporte fundamental respecto al artículo 4° del Tratado Antártico, que es el que suspende las controversias sobre soberanía en la Antártica y ha permitido la paz durante los últimos 61 años".
Por otra parte, afirma que si bien hoy el sistema universitario y de investigación contempla la participación de muchos otros actores, y que ello contribuye a fortalecer el trabajo en este territorio, la Universidad de Chile debe asumir un rol de liderazgo en este nuevo mundo. "Como Universidad de Chile debemos tener un compromiso mucho mayor. Tenemos que incrementar la cantidad de docencia que hacemos sobre materias antárticas. Tenemos que consolidar la investigación. Sería importante que los investigadores nos conozcamos y saber lo que estamos haciendo en las distintas unidades para conectarnos y plantear proyectos multidisciplinarios en los puedan participar académicos, investigadores y estudiantes de distintas áreas".
Francisco Hervé recuerda que la Universidad de Chile incluso contó con una base en la Antártica que se desmanteló, donde se instalaron equipos como sismógrafos que hasta el día de hoy no existen. "La Antártica es un lugar crítico para entender muchos aspectos de nuestro planeta. La Universidad de Chile, por su rol nacional, no puede desatender esta realidad. Es una responsabilidad que tenemos como país ante la comunidad internacional. Estamos cerca de la Antártica, podemos ir, somos reclamantes de soberanía, entonces tenemos un deber de decirle al mundo esto es lo que estamos haciendo y entregar respuestas a los problemas globales"
En este sentido, agrega, que si bien hay mucha gente de la Universidad que continúa trabajando en la Antártica, es necesario propiciar una mayor coordinación para potenciar las distintas líneas de trabajo. "Esta actividad se ha ido debilitando, disgregando. Hay otras universidades que tienen programas en esta materia y han avanzado mucho. Nosotros tenemos un rol, el Estado confía en la Chile, es una universidad de primer nivel a internacional en investigación. Hay una masa crítica que puede ser significativa en el desarrollo y fortalecimiento de la ciencia antártica, y al no contar con un plan no podemos motivar de mejor forma a las futuras generaciones", concluye.Texto: Cristian Fuentes ValenciaMartes 1 de diciembre de 2020
