En el marco del diploma de extensión "Liderazgos y Estudios Internacionales: Figuras Clave del Siglo XX" del Instituto de Estudios Internacionales, el ex ministro y político israelí realizó una exposición sobre la importancia de los líderes en coyunturas históricas específicas, enfocándose en la obra de David Ben Gurion y Gamal Abdel Nasser, históricos dirigentes de Israel y Egipto durante el siglo pasado. En la ocasión abordó las complejas decisiones que el primer líder del Estado de Israel adoptó durante su mandato -negación de la diáspora judía, unificación forzosa de las fuerzas sionistas-, y las contradicciones que enfrentó Nasser entre el ideal panarabista y las necesidades de Egipto. La cuestión de la importancia o centralidad de un líder es un tema de debate entre historiadores, académicos y expertos de las ciencias políticas, sobre todo por la aparición en determinadas circunstancias de grandes líderes nacionales o internacionales, y en otras épocas se encuentran ausentes. Así lo explicó Shlomo Ben Ami, Doctor en Historia por la Universidad de Oxford, académico del Departamento de Historia de la U. de Tel Aviv, ex embajador de Israel en España entre 1987 y 1991, y ex ministro de Seguridad Pública y de Asuntos Exteriores de Israel.
Durante su exposición, el profesor Ben Ami aseguró que "los líderes aparecen en momentos en que la sociedad lo requiere de una forma angustiosa. Son una respuesta a una realidad muy especial, por ejemplo épocas de guerra. Si uno toma como ejemplo la II Guerra Mundial en Inglaterra, en vísperas había un líder bastante banal, Neville Chamberlain, quien no entendió los grandes procesos históricos que se vivían en Europa, cómo lidiar con Hitler, pero cuando la guerra comienza surge la figura de Churchill, y cuando se gana la guerra inmediatamente pierde las elecciones ante otro líder: Clement Attlee".
Otros ejemplos que entregó el académico son Nelson Mandela, o Yasser Aafat, quienes personificaron la idea de una nación, o una causa específica alrededor de la cual todo lo demás toma un carácter secundario o instrumental, persiguiendo ese objetivo de manera consistente e incluso obsesiva, bajo un esquema que denomina leninista: "Lenin tenía también esa visión. En 1917 estuvo dispuesto a que Rusia perdiera la Primera Guerra Mundial y estaba dispuesto en los acuerdos de Brest Litovsk, no solo a rindiéndose ante Alemania sino que entregando el 30 por ciento del territorio ruso, porque él entendía que era la única manera de consolidar la revolución".
Ben Gurion: Un líder para una nueva nación
En ese sentido, Ben Ami aseguró que la figura de David Ben Gurion "responde casi a la perfección a un líder que aparece en el momento adecuado, idóneo cuando una nación está forjándose, y sabe exactamente dónde quiere ir. Suelen tener un tinte de autoritarismo porque también suelen perder la paciencia con demasiadas discusiones. A Ben Gurion siempre se lo acusó de tener esas tendencias autoritarias porque apartaba o marginaba a quienes no entendían a dónde iba él".
Así, ante la tarea de construir una nueva identidad nacional para el nuevo Estado de Israel, Ben Gurion llegó al punto de negar los dos mil años de historia de la diáspora judía, enlazando la nueva nación con la historia de la Biblia pero ignorando todo lo demás. "La diáspora no existe porque él quiere inculcar en la nación la cultura de la soberanía, entonces para crear esta revolución, y a quien la encarna, el hombre nuevo israelí, se niega y casi desprecia la civilización judía diaspórica", afirmó Ben Ami.
El último rasgo del liderazgo que Ben Ami identifica en David Ben Gurion es la toma de decisiones estratégicas aunque impliquen un cambio radical. Entre los ejemplos citados está el giro en 1942 de la política sionista desde Gran Bretaña hacia Estados Unidos, lo que les permitió construir las sólidas relaciones que han mantenido hasta el día de hoy, y la unificación forzosa de todas las organizaciones armadas judías en las nuevas Fuerzas Armadas, lo que implicó un conflicto armado abierto contra el Irgún, que representaba la facción de derecha.
"Otra gran decisión que toma Ben Gurion es en 1945, cuando descubre que el Estado que va a crear para los judíos de Europa no tendría población, debido a que millones habían desaparecido en los crematorios de los campos de exterminio. Hay que recordar que Theodor Herzl siempre imaginó un Estado para los judíos europeos y pensaba que el idioma oficial sería el alemán, los judíos de los países árabes no existían en su conciencia, era un movimiento centroeuropeo. El 45 Ben Gurion hace un giro hacia los judíos del Norte de África y Medio Oriente en un movimiento demográfico masivo", remarcó.
Nasser: Los dilemas de la unidad árabe
En cuanto a Gamal Abdel Nasser, el profesor Ben Ami destacó que durante dos décadas personificó la idea de la nación árabe, y constituye el eje central de lo que será el panarabismo. "En 1952 la monarquía egipcia era independiente pero continuaba bajo dominio británico, que veían al país y al Canal de Suez como un patrimonio estratégico del imperio y el nexo con India. Ese año el "Movimiento de Oficiales Libres", emulando a los "jóvenes turcos" que llevaron al poder a Kemal Ataturk y crearon el Estado moderno de Turquía, dan un golpe de Estado para introducir Egipto a la modernidad, sobre la base de ideas socialistas".
El impulso panarabista puso a Egipto como el pilar de la nación árabe, bajo el prisma de la unidad de destino y solidaridad compartida por todos los países árabes en proceso de descolonización en donde el problema de Palestina cumple un papel central. "Nasser en el 48 estuvo prisionero en Palestina, su unidad estuvo cercada por tropas israelíes en un lugar que se llama Fallujah. Entonces la memoria que él tenía era que hay un destino palestino en su estrategia regional. Palestina forma parte de la plataforma en torno a la cual un líder árabe consolida su poder. Tenemos una misión y es liberar Palestina porque el fenómeno extranjero que apareció aquí es este colonialismo judío sionista que es ajeno a la civilización árabe y hay que erradicarlo de esta parte del mundo, ese es un fenómeno movilizador de las masas", explicó Ben Ami.
Es así como Nasser se ve impulsado a intervenir en Argelia apoyando la lucha del FLN contra el colonialismo francés -lo que creó las condiciones para la alianza estratégica entre Tel Aviv y París-, en Siria, en la guerra civil de Yemen, y en dos guerras contra Israel en 1956 y en 1967. "El sueño panarabista es irreconciliable con el de modernización interna: se extiende y se convierte en el poster de la unidad panárabe y eso le arrastra a compromisos internacionales que eran mayores a las posibilidades de Egipto: dos derrotas militares contra Israel: 1956 y 1967, y un año después muere de un ataque cardiaco".
Ahí habría radicado el dilema de Nasser y de otros líderes árabes de la época, en donde la retórica bélica que utilizaban contra Israel "no estaba destinada a generar las condiciones para una guerra, sino que era el modo de movilizar a la población. La lucha por la libertad de Palestina era retórica, su intención no era echar a los judíos al mar sino aglutinar a los árabes, era importante para forjar la nación egipcia y reforzar el consenso panárabe pero no para ir a la guerra porque entendía muy bien que no podía ganarla".Texto: Felipe Ramírez Prensa-UChileJueves 27 de agosto de 2020
