Destacando la necesidad de revertir la "mirada pequeña" que la sociedad chilena tiene de la educación parvularia, la primera educadora de este nivel en recibir el Premio Nacional, se ha dedicado a formar a diversas generaciones, así como a investigar la historia local del desarrollo de la educación parvularia, que, como aclara, tiene más de 150 años de desarrollo en Chile. Figuras como la religiosa francesa conocida sólo como “hermana Luisa”, la educadora austriaca traída a Chile, Leopoldina Maluschka, y Amanda Labarca convergen en la nutrida historia de la educación parvularia en Chile que este año marcó otro de sus hitos: por primera vez una educadora de ese nivel obtiene el Premio Nacional de Educación: la egresada de la Universidad de Chile, María Victoria Peralta.
Educadora de Párvulos y Profesora de Estado en Educación Musical de la U. de Chile, la profesora Peralta es también magíster en Ciencias de la Educación, en Ciencias Sociales mención Antropología Social y Doctora en Educación.
Como recordó en esta entrevista, ha dedicado 50 años a “entender, aplicar y difundir” esta disciplina, incluso desde el momento de estar estudiando en la universidad, donde “nos hicieron ver la importancia que tenía la formación del niño en esos años, donde todavía la infancia en Chile estaba en situaciones muy dramáticas”, y donde “íbamos a hacer prácticas a las poblaciones, donde podíamos ver la miseria, los niños descalzos y con falta de todo”. Por eso, “nos tomamos esto tan en serio, porque ahí nos hicieron entender que estábamos favoreciendo el desarrollo del país”.
El jurado que le otorgó por unanimidad este reconocimiento el pasado 27 de agosto, relevó la “destacada labor de educadora y académica, que cuenta con más de cincuenta años de trayectoria como docente en aula, en niveles directivos y también como investigadora, en las áreas de la educación parvularia y superior".
En esta entrevista, la ex directora de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), consultora de UNICEF, UNESCO, BID, PMA (Programa Mundial de Alimentos) y actual directora del Instituto Internacional de Educación de la Universidad Central, relata los hitos de la historia de la educación parvularia, así como los desafíos que enfrentan las y los profesionales de este pilar del sistema educativo.
¿A qué atribuiría que este premio no haya sido entregado antes a una educadora de párvulos, considerando que esta área, como ha relevado, tiene más de 150 años en nuestro país?
Creo que hay una serie de factores. Por una parte, esta mirada un poco pequeña de la educación parvularia, como un tema menor y de poca seriedad. Más de alguna vez me han dicho personas importantes de este país en el campo de la educación que “este es un nivel tan nuevo”, entonces como me dedico a investigación histórica del nivel les digo: “no sé si 155 años serán nuevos”.
Por otro lado, ya era el momento porque todos los últimos gobiernos han plateado que la educación parvularia es prioritaria, y ha estado presente en las políticas públicas.
Además, está el factor que mayoritariamente seamos mujeres. Creo que algo hay detrás de eso, porque yo he vivido el machismo detrás de esto. Esto tiene que ver también –y ahí un poco mea culpa- de que en un minuto se nos formó en la idea del apostolado, de que había que ir a las poblaciones a crear jardines como fuera porque la situación de los niños era tremenda, y lo hicimos todo con mucho cariño, pero también la sociedad no retribuyó con los sueldos y las mismas garantías de los otros profesores. Ahí ha habido un poco de historia detrás de todo esto.
¿Cuáles cree que son los principales hitos de la educación parvularia en Chile?
La primera escuela de párvulos en Chile estuvo en lo que se llamaba Departamento de Santiago, y fue dirigida por una religiosa francesa, la hermana Luisa, de quien no hemos podido saber cuál era su nombre civil. Ella tuvo premios y le dieron medallas; en los Anales de la Universidad de Chile sale varias veces nombrada. Luego, como todavía no había formación en especialidad, fueron las egresadas de la Escuela Normal N°1 las que se dedicaron a esto. A partir de esa escuela se crearon en la segunda mitad del siglo XIX cerca de 10 otras escuelas de párvulos públicas.
Ya en 1880 el sector particular empezó a crear kindergarten. El primero fue el Santiago College, después el Deutsche Schule. Lo interesante es que ya en 1900 los que habían eran subvencionados por el Estado, cuando todo el mundo cree que esas son formas muy actuales.
Ahora, la gran difusora, la gran maestra de esa época fue una austriaca que llegó contratada por el Gobierno de Chile, doña Leopoldina Maluschka. A ella se le puso en la Escuela Normal N°1 para formar kidergarterinas. Son las primeras especializadas en el tema, y ahí se creó el primer jardín anexo a una Escuela Normal para que estas alumnas hicieran prácticas. Esta educadora hizo en esa época miles de cosas. Habló con las autoridades, presidentes, escribía, dio conferencias en la U. de Chile, armó la primera revista especializada en el nivel de educación, formó la primera organización gremial de maestras kindergerterinas y con sus alumnas –que en esa época crearon kindergarten desde Tacna hasta Puerto Montt, porque en ese momento estábamos post Guerra del Pacífico- creó en cada liceo de niñas un establecimiento.
El hito fundamental que viene ahí es la creación de la Escuela de Educadoras de Párvulos de la Universidad de Chile. La escuela dependía completamente de rectoría, porque iba en carácter experimental; después se adjudicó al Pedagógico.
¿Qué impacto tuvo esta primera Escuela creada en la U. de Chile?
Respecto al efecto que marcó la Escuela de Educadoras de Párvulos de la U. de Chile, donde me formé yo y tantas otras, creo que todavía falta hacer investigación para recoger todo eso. En ese contexto, organismos como la Organización Mundial de la Educación Pre Escolar (OMEP), comité chileno, se creó al alero de la escuela; estas alumnas en sus prácticas fueron a crear jardines infantiles en las poblaciones y en las salas cunas en los hospitales; y se relacionaron muy bien con el mundo político también para generar leyes pro jardines infantiles. Antes que saliera la JUNJI, hubo ocho pre proyectos de y ahí siempre estuvieron profesores de esta Escuela.
La JUNJI es un hito clave y fue un trabajo de todos los sectores políticos, pero con el apoyo técnico de la U. de Chile. De hecho, cuando se promulgó la ley en La Moneda, el presidente Frei le pidió a la directora de la Escuela de entonces, Rebeca Soltanovich, que diera el discurso.
Después está el despliegue en las sedes regionales de la Universidad de Chile y las mismas profesoras que luego ayudaron a formar la Escuela de la Universidad de Concepción y todas las demás escuelas de las otras universidades.
¿Qué es lo que la motivó a inscribirse en esta carrera?
Yo me enfermé gravemente a los 15 años. Era bastante buena alumna y me gustaban todos los saberes, pero cuando me repongo y vuelvo a continuar mis estudios, el médico me dijo que no tratara de estudiar mucho para no desgastarme. Y entre las carreras que no eran como medicina u otras, estaba Educación Parvularia, y leyendo en ese minuto el plan de estudios, me gustó porque justamente vi que era una carrera muy integral.
El doctor no iba a saber que yo después seguí estudiando, saqué la carrera, seguí estudiando Pedagogía en Educación Musical en la Chile, que nos pilló el golpe y la carrera se alargó en vez de los cinco a cerca de 8 años porque se perdieron las actas y todas esas cosas espantosas que sucedieron en esa época, y que después saqué dos magísteres –uno en currículum y otro en ciencias sociales-, también en la Chile, y finalmente el doctorado.
¿Qué tendría que pasar para que los hombres se sumen a esta carrera profesional?
Eso se debe mucho a factores culturales de Chile, porque en otros países no es tanto. En Europa y Estados Unidos no es tema. Allá tú vas a los jardines y encuentras hombres sin ningún problema. Quizás es por las características de nuestra sociedad bastante conservadoras, y el tabú que hay de pensar en los hombres que quieren trabajar con niños pequeños en el marco del tema de posibles abusos sexuales.
También una causa económica: nunca los sueldos han sido muy buenos en educación parvularia porque somos mujeres y se suponía erróneamente que no necesitábamos ganar mucha plata porque no éramos jefa de hogar. En definitiva, hoy día no tiene ningún asidero que no haya varones.
Asociado a esto de los roles de género, ¿qué desafíos le imprimen los planteamientos feministas a la educación parvularia?
Yo diría que hace tiempo el tema de género se ha trabajado en educación parvularia. Ahora, que no todos lo hacen quizás puede ser, porque antes estaba muy presente esto de que en el rincón del hogar las niñitas y el rincón intelectual y de la construcción los niñitos. Ahora tú entras en cualquier jardín y están todos mezclados, eso se ha equiparado bastante.
Quizás están aún en los cuentos y cantos. La gente piensa que da lo mismo cualquier cuento, cualquier imagen, cualquier canto, pero está desde el “arroz con leche, me quiero casar”, a los típicos cuentos de que la princesa rubia de ojos azules anda buscando al príncipe azul. La familia sigue con este tipo de cuentos sin cuestionarse nada, entonces es un tema para seguir difundiendo: que cuiden los estereotipos porque se entrega muy fácil la laminita que se vende hecha con ese estereotipo de mujer para que lo pinten y lo recorten. Eso es lo que se llama el currículum oculto que la investigación muestra que tiene mucho más peso que el currículum explícito.
¿Cómo abordar el desafío de aulas cada vez más diversas?, ¿cómo la formación de niñas y niños puede generar un cambio?
Todos deberíamos avanzar a jardines infantiles interculturales en todo lo que significa la amplitud del concepto, que es que todos los niños tienen una cultura de pertenencia, desde las muchas culturas de pertenencia en Chile porque no somos una cultura homogénea de Arica a Magallanes; ni siquiera en una ciudad. O sea, los niños del barrio Yungay son unos niños y los niños del barrio Bellavista son otros.
Tenemos además migraciones internas nacionales y la migración de los países latinoamericanos, y yo espero que se tomen como un enriquecimiento. Tener niños y familias con toda esa diversidad, es aprender en la práctica, en la convivencia de los niños, la maravillosa diversidad humana. Lo más lindo es que los niños lo toman así. Los niños no tienen problemas frente a ello. Los niños son tremendamente más generosos que nosotros. Somos nosotros los que tenemos las telas de araña.
Hablaba de esta mirada pequeña y reduccionista de la educación parvularia. ¿Por qué debiésemos como sociedad ampliar esa mirada?
Nosotros esperamos que con este premio entre otras cosas, que todas mis colegas se sientan empoderadas del valor de su trabajo y ver justamente esta nueva sociedad chilena que tiene que dejar de lado estos prejuicios, estas restricciones, este materialismo que estamos teniendo, este exitismo, esta competencia.
Por eso lo que estamos planteando es una educación parvularia más humana, que saquemos el maravilloso potencial humano que tienen los niños. Acá debemos formar actitudes de vida, niños con iniciativa, creativos, que se relacionan con los demás, que descubren, que hacen explicaciones de mundo desde su ser de niños. Al niño lo que hay que favorecerle es la alegría de aprender.Texto: Francisca Palma Fotografías: Mineduc y gentileza de Universidad Central. Miércoles 25 de septiembre de 2019
