"En general, pensamos en los adolescentes desde los riesgos"

El proyecto Aula Segura esta última semana, y poco antes la Ley de Identidad de Género, han puesto en el centro del debate local a los adolescentes. Cuánto sabemos de ellos, cuáles son sus principales patologías de salud mental, y hacia dónde se abre la investigación sobre este grupo etario en este ámbito, son algunos de los temas que en la siguiente entrevista plantea la psiquiatra Vania Martínez, especialista en niños y adolescentes, académica de la Facultad de Medicina y directora del nuevo Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental en Adolescentes y Jóvenes (Imhay).El pasado 10 de octubre, la OMS celebró el Día Mundial de la Salud Mental con el lema "Los jóvenes y la salud mental en un mundo en transformación". Los adolescentes fueron puestos en el foco mundial con cifras que a nadie dejan indiferentes: cerca de un 20 por ciento de los niños y adolescentes del mundo tienen trastornos o problemas mentales; la mitad de las enfermedades mentales comienzan antes de los 14 años, y el suicidio se levanta como la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años.
En Chile, el debate público en torno a temas que afectan a los adolescentes, como la identidad sexual, el abuso de sustancias, el ciber bullying y la violencia escolar, se han sucedido en los últimos meses, despertando alertas en diversos ámbitos. 
"Lo que nos falta a veces a los investigadores es justamente posicionarnos más en estos temas. Hoy hay gente que está tomando decisiones en base a argumentos que a veces no son argumentos. Y hay gente que sí ha investigado, que sí sabe de estos temas y se requiere que se pronuncien y sean escuchados también", afirmó Vania Martínez, psiquiatra de niños y adolescentes, quien dirige el Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental en Adolescentes y Jóvenes (Imhay), que comenzó su trabajo el 1 de octubre pasado, y que apunta -a través del trabajo transdisciplinario y colaborativo con los mismos adolescentes-, a generar conocimiento para aportar en la intervención de salud mental de este grupo. El uso de nuevas  tecnologías, y el trabajo con perspectiva de género, incluyendo a la población migrante y de sectores como salud, educación y familia, son parte de este Núcleo en el que participan investigadores de las universidades de Chile, Austral, Talca y Los Andes.
Partiendo de lo más básico, ¿qué caracteriza a la adolescencia hoy?
En esta etapa hay muchos cambios a nivel biológico, sicológico y social, y esos cambios que son más a nivel individual o personal, se relacionan también con las transformaciones que está teniendo la sociedad en general, porque ser adolescente hoy no es lo mismo que hace 30 o 40 años atrás. Ellos tienen mucho más acceso a distinto conocimiento, y también a otros estresores, exigencias que hay en la vida moderna, como el valor de ser exitoso, la influencia de alcohol y drogas, las redes sociales que pueden influir tanto positiva como negativamente.
¿Cuáles son las principales patologías que sufren los adolescentes?
Los trastornos del ánimo, los trastornos de ansiedad, que en su conjunto se llaman trastornos mentales comunes, son lo más frecuentes. Pero también abusos de sustancias. A esta edad nos encontramos con problemas que podrían gatillar otras dificultades, como por ejemplo, el tema del bullying. La psicosis también es algo que estamos viendo en el Núcleo, es menos frecuente, pero de gran impacto. 
La OMS llamó recientemente la atención sobre la importancia del diagnóstico en etapa de la vida, como una manera de prevenir problemas que ya de adultos pueden volverse mucho peores, ¿es así?
Es así. Si una persona está consultando por primera vez por un problema de salud mental, supongamos que a los 30, y tú le empiezas a preguntar por su adolescencia, es probable que encuentres ya algo allí, o que había presentado un cuadro que nunca consultó, o que ya tenía factores de riesgo que uno podría haber intervenido a tiempo.
En este sentido, ¿una intervención en adolescentes puede llegar a ser más efectiva que tal vez en etapas más adultas?
Nunca hay que perder la posibilidad de consultar así uno tenga 80 años, pero efectivamente en el caso de los adolescentes, también la personalidad está en desarrollo, entonces, a veces se hacen más complejos los tratamientos en adultos, porque tienen una personalidad instalada, que es mucho más difícil de modificar cuando ésta tiene dificultades, por ejemplo, el tema del descontrol de impulsos, o de regulación de las emociones, cómo establecer los vínculos con otras personas.
¿Y existe socialmente suficiente conocimiento respecto a las características de esta etapa, qué es lo normal o en qué casos habría que consultar a un especialista?
Eso también es relevante para nosotros porque además cada vez tenemos menos hijos, entonces, tampoco tenemos tanta experiencia. A los papás se nos hace difícil distinguir qué puede ser parte de lo normal y qué no. En ese sentido, los colegios pueden aportarnos harto, porque están mucho más en relación con los adolescentes, pueden evaluar los cambios que ellos han tenido para detectar situaciones y alertar a las familias.
A propósito del lanzamiento del Núcleo, te oí decir que los adolescentes son un grupo poco escuchado. Últimamente, que han estado en la contingencia con Aula Segura y la Ley de Identidad de Género, ese no escuchar toma bastante sentido...
Eso lo dije principalmente en relación a nosotros como investigadores, porque en el Núcleo nos propusimos especialmente que estas intervenciones tengan un diseño participativo, y dentro de eso son importante los protagonistas que son los adolescentes y jóvenes. Ahora, sin duda son poco escuchados desde los padres y los adultos en general. Y nosotros tendemos más a dar el discurso: ‘esto es lo que tú tienes que hacer’, más que escuchar lo que ellos nos tienen que decir.
Da la impresión que la adolescencia es una etapa muy juzgada socialmente.
Sí, y comúnmente todos, nosotros también en salud hablamos de los adolescentes más desde el enfoque de riesgo. Que se pueden embarazar, les pueden dar infecciones, pueden hacerse adictos al alcohol y las drogas, etc. En general, pensamos en los adolescentes desde los riesgos y no desde los factores protectores, la calidad de vida, la satisfacción, la promoción de la salud y el tiempo libre. Imagínate con la sexualidad, la vemos solo desde el riesgo, pero no como un tema de calidad de vida, o de lo saludable.
Y en términos de acceso a salud mental, ¿los adolescentes cuentan con apoyos? ¿Pueden recurrir al GES, por ejemplo?
Hay opciones de tratamiento. Lo que puede consultarse dentro del marco GES es la depresión y trastorno bipolar, pero de 15 años hacia arriba, el primer brote de esquizofrenia, y abuso de alcohol y drogas en menores de 20 años. Pero de todas formas es insuficiente. No se ha pensado específicamente en este grupo etario. Por ejemplo, la guía clínica de depresión, que es de 15 años hacia arriba, dice poco de lo específico de este grupo, de lo que uno debiera considerar.
Temas como la confidencialidad, el trabajo con las redes, el colegio, las familias, eso no está suficientemente trabajado ni abordado, y tampoco, nuestras mallas educativas de los profesionales que estamos formando. En el área de salud y de educación. Nos falta todavía poner más especificidad para este grupo etario, que de por sí es un grupo que nos puede ver a nosotras como salud mental, como una autoridad más, versus lo que esperaríamos que fuera un trabajo más de colaboración cuando uno está en este tipo de tratamiento.
Yéndonos al trabajo que ustedes están haciendo en Imhay, ¿cuáles son los temas en que quieren enfocarse?
En el Núcleo participan investigadores de distintas disciplinas y también queremos incluir a los mismos adolescentes y a quienes trabajan con adolescentes en forma más cercana, para desarrollar intervenciones en la salud mental de ellos.
Son cuatro áreas de investigación. La primera tiene que ver con educación y sensibilización en el tema, educar acerca de lo que es esperable para esta edad y lo que no es esperable, y dónde pedir ayuda. La otra área tiene que ver más con la promoción de salud y prevención, pero a nivel de toda la población, que es lo que llamamos prevención universal. La tercera línea tiene que ver con prevención focalizada, que es la que se dirige a grupos de riesgo, y tratamiento precoz o lo más temprano posible. La última área, tiene que ver con las políticas sociales. Nosotros queremos también que nuestra investigación nutra a la política pública.
Este enfoque disciplinario del Núcleo incorpora una línea de investigación en comunicaciones y en economía, ¿cómo se incluyen estas voces que vienen ya no desde la salud mental, en la investigación del tema?
Necesitamos incluir nuevas voces. Lionel Brossi, del Instituto de la Comunicación e Imagen, ha trabajado el tema de inclusión digital, y cómo las tecnologías pueden estar al servicio de la inclusión de los adolescentes; a él también queremos pedirle apoyo y ayuda en educación, sensibilización y cómo nuestras intervenciones llegan en un lenguaje que sea cercano para los adolescentes y quienes trabajan con ellos. En economía, el profesor de la Facultad de Economía y Negocios, Daniel Hojman, nos ha estado aportando en esto de mirar más a nivel macro. Es justamente lo que pasa con los niveles socioeconómicos y distintos grupos, la educación que están recibiendo, qué impacto tiene esto en la salud mental, y también los costos que puedan tener las intervenciones, porque queremos que éstas sean costo-efectivas.Texto: Francisca Siebert Martes 30 de octubre de 2018