Reinventando el sistema de salud chileno

"El amanecer de la telemedicina -que permite a los médicos controlar a los pacientes desde lejos- es prometedor, sobre todo para aquellos que viven en zonas remotas. Muy útil para un país largo y angosto como Chile", señalan en la siguiente columna publicada este 2 de mayo en El Mercurio, el Prorrector de nuestro plantel, Rafael Epstein, el director del MIT Sloan Latin America Office (MSLAO), Lee Ullmann, y el miembro del Consejo Asesor del (MSLAO), Marcelo Larraguibel.

El crecimiento económico, la urbanización y la creciente riqueza están teniendo un profundo impacto en la salud de los latinoamericanos. Muy poco de esto es positivo, especialmente en Chile.
Si bien la esperanza de vida ha aumentado más rápidamente en Chile que en la mayoría de los países de la OCDE y el ingreso per cápita se ha cuadruplicado durante el último cuarto de siglo, siguen existiendo grandes diferencias entre el sistema de salud público y el privado del país. Los costos de la atención médica se están disparando y muchos de los hospitales públicos -especialmente los de las zonas rurales- se enfrentan a una escasez de médicos generales y de familia.
La dieta chilena moderna -que se compone en su mayoría de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas- está teniendo repercusiones, pues un tercio de los niños tiene sobrepeso u obesidad; un cuarto de los adultos está en esa categoría. Las enfermedades crónicas, como la diabetes, son cada vez más frecuentes. Los trastornos relacionados con el estrés y las enfermedades mentales también van en aumento, al igual que las tasas de alcoholismo, el consumo de tabaco y ciertos tipos de cáncer. Durante la última década, el suicidio ha sido una de las diez principales causas de muerte en hombres chilenos.
Las estadísticas de hoy son sombrías, pero tenemos esperanza para el mañana. Las innovaciones tecnológicas y los descubrimientos impulsados por el Big Data constituyen enormes oportunidades para Chile y América Latina en general. Para explorar esto, estamos organizando una conferencia para mayo, en Santiago, que buscará destacar las muchas formas en que los datos y la analítica prometen transformar la prestación de salud. Esperamos que cientos de investigadores y líderes de la academia, salud, gobierno e industria se unan a la discusión.
Nuestra agenda es ambiciosa. Al combinar la experiencia del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en el análisis de cantidades masivas de datos y optimización de sistemas complejos con la innovadora investigación médica de la Universidad de Chile y los conocimientos estratégicos y operativos de Virtus Partners, buscamos desentrañar los complicados problemas subyacentes que afectan al sistema de salud. Nuestra esperanza es que esta conferencia inspire a ingenieros, profesionales médicos, economistas y tecnólogos de todo el mundo a ver los beneficios de trabajar juntos para mejorar la salud humana. Nuestro objetivo es simple: mantener a los pacientes sanos por menos dinero.
El progreso está en marcha. En el MIT, los investigadores han ideado algoritmos que potencian el tratamiento de ciertas enfermedades, incluyendo la diabetes, con el uso de una combinación de aprendizaje mecánico y registros médicos electrónicos. En momentos en que 1,7 millones de chilenos, o cerca del 12,3 por ciento de la población, padecen diabetes, esta investigación tiene importantes implicaciones.
El amanecer de la telemedicina -que permite a los médicos controlar a los pacientes desde lejos- también es prometedor, sobre todo para aquellos que viven en zonas remotas. Muy útil para un país largo y angosto como Chile, donde el 10 por ciento de la población vive en áreas rurales. Los investigadores del Centro de Informática Médica y Telemedicina de la Universidad de Chile están utilizando sensores y otros dispositivos para monitorear la presión arterial, el ritmo cardiaco, el peso y los niveles de azúcar en la sangre de los pacientes a grandes distancias. Los tecnólogos del MIT Media Lab están descubriendo nuevas maneras de aplicar la tecnología de la emoción y los dispositivos portátiles para ayudar a los enfermos con autismo, ansiedad y epilepsia a manejar sus síntomas.
Los investigadores están encontrando, asimismo, nuevas maneras de contener los costos médicos. Utilizando el Big Data para medir los retornos del gasto en salud, los economistas son capaces de ayudar a los hospitales a descubrir las mejores prácticas y a alinear los incentivos para mejorar la calidad de la atención que proporcionan. Esto tiene especial relevancia para Chile. Fonasa está luchando con desafíos abrumadores en cuanto a gestión y aumento de costos. Mientras tanto, el acceso a la tecnología de alta calidad y a los servicios de salud sigue estando limitado a los adinerados.
La promesa del Big Data es inmensa, pero también lo son sus peligros. Quedan muchas preguntas: ¿Cómo podemos garantizar que los datos de los pacientes permanezcan confidenciales y seguros? ¿Cómo nos protegemos para que las aplicaciones de Big Data no creen aún más disparidades entre los ricos y los pobres, en vez de usarlo para construir un sistema de salud más equitativo para todos? Y ¿cómo deben los gobiernos enfrentar la gestión de los altos costos del envejecimiento de la población?
Estos son grandes desafíos, y nada se resolverá de la noche a la mañana.Texto: Rafael Epstein Prorrector de la U. de Chile Lee Ullmann Director de MIT Sloan Latin America Office Marcelo Larraguibel Miembro del Consejo Asesor de MIT Sloan Latin America Office Martes 2 de mayo de 2017