Cuando quedan pocas horas para que terminé el 2021 y comencemos un nuevo año, muchos y muchas hacen balances de lo que han sido estos últimos meses. Conceptos como incertidumbre, pérdidas, miedos, exigencias, flexibilidad y adaptación han surgido de la mano de la pandemia provocada por el SARS-CoV-2, patógeno que sigue entre nosotros y que nos tiene desde hace cerca de dos años viviendo en una nueva realidad. No han sido meses, ni años fáciles los dos últimos. Este parece ser el análisis o comentario más recurrente entre amistades, familiares y cercanos ante la nueva forma de vivir que hemos desarrollado debido a la pandemia. En este contexto, la incertidumbre frente a lo que pueda pasar en el nuevo período que se avecina se cruza con las celebraciones de fin de año, como lo son la navidad y año nuevo. Para otros, es hora de balances y de revisar qué se ha hecho y qué está por definirse tanto a nivel laboral, personal y emocional durante el 2022.
En la siguiente entrevista, la psicóloga y académica del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, Irma Palma, analiza lo que ha significado este último período de pandemia y también pone sobre la mesa el proceso social que está atravesando nuestro país, marcado por la elección de un nuevo gobierno y por desarrollo del proceso constituyente.
“Probablemente, este 2022 la sociedad chilena estará, en relación con la pandemia, en las mismas preguntas en que están otras sociedades en el mundo. Se trata de la pregunta: ¿cómo saldremos de esta crisis?", plantea la académica. Asimismo, Palma aborda el proceso de pérdida que han vivido las personas, ya sea al enfrentarse a la muerte de un familiar, amigo o cercano, o a la falta de seguridad laboral o económica.
“Las pérdidas incluyen nuestro sentido de previsibilidad, control, justicia, certezas, formas de vida”, señala. Además, a la hora de hacer balances, la especialista asegura que “la pandemia condujo a una desestabilización multidimensional de la vida personal y de la vida social, y a su reorganización en todas las sociedades del mundo”.
- Es habitual que cuando llega fin de año las personas realicen un resumen de lo que ha sido y cómo esperan enfrentar el nuevo período, pero ¿cómo se debe hacer un balance para que sea constructivo?
Aquello que llamamos balance y proyecto, que une y separa un año del siguiente, asume formas extrañas en una crisis de tal profundidad y extensión como la actual. En general, son balances que asumen continuidades y discontinuidades. Se ubican en trayectorias biográficas, con temporalidades diversas, son de corto o largo plazo, las del balance y las proactivas. Son individuales, relacionales, pero también colectivas. Se ubican en experiencias colectivas. Es que la pandemia condujo a una desestabilización multidimensional de la vida personal y de la vida social, y a su reorganización en todas las sociedades del mundo.
- ¿Claramente no han sido tiempos fáciles? ¿qué pasa con la sensación de pérdida?
Primero, tenemos los efectos colaterales y las oportunidades que abrió la crisis en lo personal. En una crisis de tal profundidad como esta, no solo perdemos a otros seres humanos. Puede experimentarse la pérdida de posesiones, ingresos, proyectos profesionales y educacionales, salud, un sentido de seguridad y de protección, libertades personales, autonomía, de contacto social (aislamiento, encierro, etc.), encuentros o hitos irrepetibles o irrecuperables, a todas los cuales puede estarse fuertemente apegados, y la creencia de que se puede proteger a quienes queremos. Las pérdidas incluyen nuestro sentido de previsibilidad, control, justicia, certezas y formas de vida.
- Pero, ¿de qué forma esto también influye o influiría en el balance que hacemos al cerrar un año?
Si un ser querido perdió la vida a causa del COVID-19, el balance asume una pérdida muy significativa. Por ejemplo, si se debe asumir el cuidado de sobrinos/as sobrevivientes (porque sobreviven más adolescentes en esta pandemia, pues mueren más las personas mayores), la vida ha cambiado para siempre. Al menos 500 mil personas están en duelo porque ha muerto una persona familiar directo; y esto está desigualmente repartido en las sociedades. En Estados Unidos, por ejemplo, la carga de duelo promedio asociada con cada muerte es más pesada entre algunas poblaciones.
Las edades y razas son dos elementos fundamentales: La mayor parte de la pérdida de familiares se debe a la muerte de los abuelos, seguida de la muerte de padres y hermanos. Además, hay una desigualdad racial en la mortalidad a causa del COVID-19: más estadounidenses afroamericanos habrían perdido a un pariente cercano que estadounidenses blancos. En comunas populares debe haber más duelo en el balance.
A esto sumamos, la cesantía, el cambio en las rutinas, la desestabilización...
Claro. Si se ha perdido el empleo, si no se ha tenido ahorros, si se ha tenido créditos que se han dejado de pagar, ha habido más sufrimiento y habrá más incertidumbre, aunque podrá haber más esperanza en el futuro. Otro tema tiene que ver con la maternidad. Cuando una mujer tomó la decisión de postergar un embarazo en 2020 o 2021, ¿la retomará o la cierra en 2022? La información disponible indicaría que disminuyeron los nacimientos durante la pandemia. Si se es mujer, el balance incluirá una enorme carga de cuidado y trabajo no remunerado en el hogar. El proyecto sería liberarse un poco de eso.
Ahora, cuando se es joven, una de las grandes pérdidas se sitúa en los vínculos de amistad. La separación impuesta por la pandemia a adolescentes y jóvenes habrá que estudiarla en sus efectos sobre el futuro: jóvenes que no pudieron iniciar relaciones de pareja, hacer su entrada en la sexualidad activa, adolescentes sin poder construir amistades, etc.
¿Qué caracterizaría este proceso de balance o cierre?
En esta crisis, son balances cargados por un tiempo inmediato y el futuro marcado por un tiempo incierto. En este caso, creo que se unen tres elementos. Primero, diría que la pandemia, la política y la cotidianeidad. Sobre lo último, he hablado más arriba, y tiene relación con la pérdida subjetiva más extendida –el encuentro- podrá reducirse. La superación del cierre de las escuelas y de lugares de trabajo serán asuntos relevantes. Las vicisitudes del control de la pandemia, en un año que comenzó muy esperanzador y concluye muy incierto, pondrán oportunidades y pondrán límites, producirán más o menos normalidad, y la experiencia subjetiva podría acumular agobio, pero retomar los encuentros.
Y, en el caso puntual de Chile, ¿cuál es el escenario próximo?
Probablemente, este año la sociedad chilena estará, en relación con la pandemia, en las mismas preguntas en que están otras sociedades en el mundo. Se trata de la pregunta ¿cómo saldremos de esta crisis? Esto, en nuestro país, se sitúa, creo yo, tanto en la capacidad de controlar y de mitigar los efectos de la pandemia, por una parte, y en la política, en el proceso constituyente, el movimiento de las mujeres y el cambio presidencial. Hay crisis que le preceden y que son parte de la pregunta: son la crisis climática, la crisis de legitimidad de la política y de las crisis sociales (migración, etc.) Si saldremos de una manera, y cómo queremos salir. Por ejemplo, si con gobiernos más protectores, más autoritarios, si saldremos más solidarios, si más cooperadores.
En la tercera encuesta del Proyecto Vida en Pandemia, exploramos la pregunta por cómo saldremos de esta crisis. Resumo acá algunos elementos. Dos de cada cinco personas entrevistadas comparte que después de la crisis, “la gente necesitará un Estado más protector”, uno/a de cada cinco, que “se necesitarán gobiernos fuertes, aunque eso implique que sean autoritarios con la gente”, tres de cada diez, que “Chile deberá cooperar estrechamente con los otros países de Latinoamérica para superar la crisis, la mitad comparte que “Las ciencias serán más tomadas en cuenta en el futuro por los gobiernos”. Todo esto se encuentra en curso.Maritza Tapia, periodista Prensa U. de Chile. Fotos: Francisca Palma. Miércoles 29 de diciembre de 2021
