"Sin duda, es un panorama complejo y poco auspicioso para el carismático Boris Johnson, donde seguramente pondrá a prueba todas sus aptitudes, redes, grandilocuencia, promesas y verdades a medias, pero que ciertamente no serán suficientes", señala la académica Lorena Oyarzún del Instituto de Asuntos Públicos (INAP), en la siguiente columna de opinión sobre el Brexit, uno de los grandes desafíos que enfrenta el recién nombrado nuevo Primer Ministro de Reino Unido, Boris Johnson. La llegada al poder de Boris Johnson como Primer Ministro de Reino Unido no ha dejado indiferente, pues este político, escritor, periodista y presentador de televisión ha tenido más de una polémica en su historial. Se trata de un personaje poco convencional que ha sabido aprovechar redes familiares, posición y también con la suficiente astucia para leer el momento político y descontento de los ciudadanos. Sin embargo, su nueva posición es compleja, pues no tendrá mayor espacio en su agenda política, ya que necesariamente debe resolver el ya desgastante proceso del brexit o retiro del Reino Unido de la Unión Europea (UE), miembro desde 1973.
Uno los factores en su contra es que no cuenta con un apoyo amplio. Llegó a su cargo producto de una elección interna del Partido Conservador, y aunque ganó esas elecciones con el 66 por ciento de los votos emitidos, éstos sólo corresponden a la preferencia de un poco más de 92 mil electores. Por lo tanto, deberá demostrar liderazgo y capacidad para lograr consenso en un polarizado ambiente parlamentario. Primero entre sus propias filas conservadoras, los denominados tories, entre los que se encuentran férreos euroescépticos y otros favorables a un “brexit blando".
Al mismo tiempo, tendrá que hacer frente a una oposición, ahora más unida: los laboralistas que desean una salida negociada o de lo contrario ya han entregado su apoyo a la realización de un nuevo referéndum en el que votarán por permanecer en la UE, al igual que los liberales demócratas que encabezan la intención de voto de los británicos. Por otra parte, conglomerados más radicales como el Partido Brexit, liderado por Neil Farage, también ha tenido un notorio fortalecimiento. Pero antes de analizar los posibles escenarios a este callejón “casi” sin salida, es pertinente conocer más sobre su trayectoria.
Su nombre es Alexander Boris de Pfeffel Johnson, nació el 19 de junio de 1964 en el Upper East Side de Manhattan, Nueva York. Su madre, la pintora Charlotte Johnson Wahl y su padre Stanley Johnson, escritor, político conservador, quien también fue eurodiputado, tuvieron cuatro hijos. Johnson es el hermano mayor de los otros tres, que si bien lo apoyan, se han mostrado defensores de la permanencia de Reino Unido en la UE. Respecto a sus estudios, éstos los realizó en destacados establecimientos, su secundaria en Eton College. Mientras que sus estudios universitarios en Oxford, donde se graduó en estudios clásicos y fue contemporáneo de algunos militantes de su partido como el ex Primer Ministro David Cameron, su actual Jefe de Gabinete, Michael Gove y Jeremy Hunt, su contrincante en las recientes elecciones de la colectividad.
Posteriormente Johnson se decidió por el periodismo. De esta manera, en 1987, y debido a su amplia red de contactos familiares que incluía a su madrina, la escritora Rachel Billington, se incorporó en The Times, pero duró poco tiempo. Johnson, con el fin de hacer más atractiva una crónica sobre Eduardo II de Inglaterra, inventó una cita sobre el supuesto amante del soberano que atribuyó al historiador Colin Lucas, su padrino, quien se quejó con la dirección de The Times y por lo cual fue desvinculado. Pero su cesantía duró muy poco, pues el director del diario conservador The Daily Telegraph, quien fuera conocido de Johnson de su época en Oxford, le ofreció empleo y en 1989, lo ascendió como corresponsal del diario en Bruselas. En esta época comenzó a mostrar su veta euroescéptica al escribir columnas de opinión muy críticas contra la UE.
En 1994, de regreso en Londres, fue fichado como director adjunto y columnista jefe de política en The Daily Telegraph. Durante su ejercicio periodístico siguieron las críticas a su trabajo. De hecho, formando parte de The Telegraph se vio involucrado en otro escándalo, cuando se dio a conocer una grabación en la que Johnson conversa con su amigo de Eton, Darius Guppy, condenado por fraude y le solicita la dirección de otro periodista al que Guppy quiere golpear. Johnson accede a dársela. En 1999, en tanto, fue nombrado director de The Spectator, el cual bajo su dirección paso a ser conocido como “Sextator”, debido a que gran parte se su contenido se basó en escándalos sexuales y farándula.
No obstante, su mayor popularidad vino de la mano con su participación en el programa de televisión de la BBC “Have I got news for you?”. Posteriormente, en 2001, ingresó al Parlamento representando el distrito conservador Henly del condado de Oxfordshire. En 2008 ganó la alcaldía de Londres. Durante su gestión (2008-2015) puso en marcha una serie de iniciativas bien valoradas, entre ellas, implementó el servicio de alquiler de bicicletas y supervisó los Juegos Olímpicos de 2012, época en que fue elegido como el político más popular. Desde 2015, y un año antes de concluir su periodo como alcalde de Londres, Johnson regresó a la Cámara de los Comunes ocupando el escaño de Uxbridge y South Ruislip (Londres).
En 2016, después de una prolongada indefinición, decidió apoyar el Brexit y emprendió la campaña “vote leave”, caracterizada por las tergiversaciones y el desprecio a la verdad. Finalmente Theresa May fue electa por el Partido Conservador como Primera Ministra y designó a Johnson en la cartera de Relaciones Exteriores, cargo que ocupó hasta 2018 cuando renunció, después de oponerse a la negociación de un Brexit suave.
Lo cierto es que su trayectoria tiene claro oscuros, algunos de los últimos están vinculados a la volatilidad de principios y lealtades. Incluso al uso, lamentablemente común en varios líderes mundiales y regionales, de comentarios racistas y xenófobos. Por ejemplo, en 2008 en un artículo para The Spectator señaló: “Los orientales... tienen cerebros más grandes y un coeficiente intelectual más alto. Los negros están en el otro polo”.
Otro de sus episodios controversiales, se produjo en la campaña pro Brexit, ya que utilizó información falsa asegurando que los británicos perdían 350 millones de libras semanales por pertenecer a la UE. Todo ello ha provocado desconfianza, malestar e incertidumbre en sus opositores. En cambio, sus adeptos lo asocian a carisma, fuerza, arrojo e incluso inteligencia. Independientemente de la preferencia o rechazo por el personaje, Boris, como lo denominan en Reino Unido, tiene un enorme desafío por delante y que, a sus dos predecesores Cameron y May, ya les significó la dimisión al cargo.
El difícil camino hacia un brexit y posibles escenarios
Si bien Johnson se ha presentado como el líder que logrará concluir el proceso del Brexit “con o sin acuerdo”, sosteniendo que se necesita una nueva negociación, tiene un escenario muy complejo, ya que la extensión dada por la UE vence este 31 de octubre. Recordemos que May negoció una salida ordenada con la UE, en la que a partir del 31 de octubre el Reino Unido entraría en un periodo de transición de 21 meses. Una de las cláusulas de acuerdo y punto clave para la UE, es evitar la instauración de controles en la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, con el fin de cumplir las exigencias del Acuerdo de Viernes Santo (1988), tratado que puso fin a tres décadas de enfrentamiento entre católicos republicanos y protestantes unionistas en Irlanda del Norte y que dejó más de 3 mil quinientos muertos.
No obstante, el acuerdo alcanzado por May y Bruselas ya fue rechazado tres veces por el Parlamento Británico. Y los máximos líderes de la UE ya han advertido que no están dispuestos a renegociar. En esta línea, la presidenta electa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que asumirá el 1 de noviembre, insistió en que si bien podría apoyar una extensión para que el Brexit, no volvería a negociar lo ya acordado y que tomó cerca de dos años.
Ciertamente, el fantasma de un brexit sin acuerdo es cada vez más real. Esto implica una salida abrupta de la UE. Por ejemplo, en noviembre Reino Unido estaría desvinculado de dos de las principales herramientas de la política comercial de la unión, el mercado único y la unión aduanera, por lo que ambas partes tendrían que relacionarse según las normas de la Organización Mundial del Comercio. En la actualidad, las exportaciones británicas al continente representan cerca del 30 por ciento de su PIB. Además, el brexit involucraría su salida de la Corte Europea de justicia y de la Europol, o dejar de ser parte de la Tarjeta de Salud Europea, que permite a cualquier ciudadano de la UE obtener tratamiento en hospitales públicos de los estados miembros.
Las alternativas son pocas: una salida con acuerdo. El problema es que la UE desestima abrir una nueva negociación y el actual acuerdo es rechazado por el parlamento; o una salida sin acuerdo el 31 de octubre. La gran mayoría de parlamentarios se ha pronunciado en contra de un “brexit duro” y podría costarle el cargo a Johnson. Otra alternativa, aunque poco probable, es no convocar al Parlamento con el fin de evitar el rechazo a una salida sin acuerdo, para lo cual debe contar con la autorización de Reina. Una tercera posibilidad es convocar nuevas elecciones. Este es un escenario incierto para Johnson y sus correligionarios, dado que el Partido del Brexit subió en las últimas elecciones europeas realizadas en mayo y buscaría quitarle votos al Partido Conservador. Asimismo, la oposición a través del partido Laborista y su líder, Jeremy Corbyn, ha señalado que su coalición, al igual que los liberales demócratas, defenderá la permanencia de Reino Unido de realizarse un segundo referéndum.
A esto se suma que en Reino Unido (Escocia, Gales, Inglaterra, Irlanda del Norte), la postura del nuevo Primer Ministro generó reacciones muy adversas, especialmente en Escocia, donde la ciudadanía votó mayoritariamente a favor de mantenerse en la UE, con un 62 por ciento a favor. Nicola Sturgeon, ministra Principal de Escocia, ha rechazado categóricamente una salida sin acuerdo y ha expresado su firme voluntad de celebrar un segundo referéndum de independencia de Escocia del Reino Unido. Con un brexit duro, las encuestas pronostican una victoria pro independencia cercana al 54 por ciento. Si bien el Ejecutivo escocés puso en marcha el proceso, necesita el visto bueno de Londres para celebrar una nueva consulta. En tanto, el primer Ministro de Irlanda del Norte, Leo Varadkar, también advirtió a Johnson que un no acuerdo puede significar la demanda de unificación de las dos Irlandas, recordándole que el 56 por ciento de los norirlandeses no sólo votó por mantenerse en la UE, sino también requieren el respeto de los Acuerdos de Viernes Santo.
Sin duda, es un panorama complejo y poco auspicioso para el carismático Boris Johnson, donde seguramente pondrá a prueba todas sus aptitudes, redes, grandilocuencia, promesas y verdades a medias, pero que ciertamente no serán suficientes. Y es que enfrenta incluso la posibilidad de fragmentación del Reino Unido con la desvinculación de Escocia e Irlanda. Tampoco la tergiversación será suficiente para sacar adelante el brexit, proceso que fue construido, en gran parte, en base a fake news, promesas de bonanza económica, temor ante la inmigración y alentando un discurso nacionalista, lamentablemente, tan en auge estos días en Europa y el mundo.Lorena Oyarzún Académica INAP Doctora en Relaciones Internacionales e Integración EuropeaMartes 30 de julio de 2019
